Yésero

La existencia de Yésero está documentada en el siglo X, pero su máximo esplendor lo alcanzó en época bajomedieval, a finales del siglo XV, cuando fue la población más importante de la Val de Gavín.

Está situado a 1.132 metros de altitud, limitado al norte por la sierra Tendeñera, al este por el puerto de Cotefablo y al sur por el monte Erata, y rodeado de un privilegiado patrimonio natural de bosques, praderas, cumbres y barrancos.

Como corresponde a una sociedad típicamente montañesa, los recursos agrícolas y ganaderos han constituido su base económica hasta fechas aún recientes. Tampoco han faltado trabajos relacionados con el sector artesano-industrial: los principales fueron la extracción maderera y la elaboración de la pez a partir de la resina de los pinos. Hoy en día estas ocupaciones y las formas de vida que llevaron asociadas han caído en desuso, a excepción de la cría de ganado vacuno, y la economía se orienta hacia las nuevas demandas derivadas del ocio.
 
Las calles de Yésero son quebradizas, en ocasiones se deslizan bajo algún pasaje, y acaban confluyendo en la gran plaza cercana a la iglesia. Los edificios son de piedra, con fachadas enlucidas, y antiguamente estaban cubiertos con tejados de laja, técnica tradicional de la zona actualmente en desuso ante la llegada de materiales más modernos. Algunos conservan las típicas chimeneas troncocónicas rematadas con el espantabrujas y amplios solanares de dos pisos que se abren a un patio o corral interior. Aún existen varios ejemplares de casas del siglo XVIII. Sus portadas presentan dinteles esculpidos con la fecha de su construcción, escudos y otros motivos ornamentales.

Yésero cuenta con buenos ejemplos de arquitectura popular, algunos construidos con la milenaria técnica de la piedra seca, sin material de unión, que se ha transmitido de generación en generación durante siglos. Se caracteriza por la perfecta adaptación al medio, con la utilización de los materiales que ofrece la propia naturaleza: la madera y la piedra especialmente. Destacan las bordas, construcciones auxiliares de los trabajos agrícolas y ganaderos, y las casetas, que proporcionaban protección en caso de tormenta. Este tipo de construcciones son todo un legado de una forma de vida que, poco a poco, va desapareciendo pero que nos ofrece un valioso testimonio de respeto y armonía con el entorno.


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